Todos guardaron silencio durante unos instantes, observándola
intensamente, algunos con curiosidad, otros con incredulidad. Arisu frunció un
poco el ceño, sospechando que no la creerían, cuando de repente una mancha
verde voló hacia ella y se le posó en los brazos. Ella lo miró sonriendo, pero
también con reprobación.
-Esselsior, te dije que no salieras…-Le acarició levemente la
peluda cabecita y volvió a levantar la
suya propia, viendo como varios pares de ojos la miraban extrañada.-
-¿U-una dragon slayer…?-Gray la inspeccionaba con los ojos
entrecerrados y una mano en la barbilla, pensativo. Erza tenía la cabeza
ladeada y asentía. Natsu, en cambio, se plantó delante de ella agarrándola por
los hombros y sacudiéndola.-
-¿¡Sabes dónde está Igneel!?-Arisu frunció el ceño y negó
levemente.-
-Claro que no. Sundamizu también desapareció, y por eso estoy
aquí.-Suspiró y acunó al pequeño gato, que parecía haberse dormido. Se giró
hacia el maestro, frunciendo el ceño, pero seguidamente sonrió.-Voy a buscar algún
sitio donde quedarme, si me disculpan…-Agarró su mochila y se dispuso a salir
del gremio, cuando escuchó la voz del maestro de fondo.-
-¡Laxus, enséñale la ciudad a Arisu, y no es una
petición!-Arisu se dio la vuelta, buscando con la mirada a ese tal Laxus,
aunque claro, había bastante gente en el gremio, por lo cual podía ser misión
imposible encontrarlo.-
-Tsk, viejo, siempre molestando…-En una de las zonas más
alejadas de la barra había un chico rubio de unos diecisiete años con los
brazos cruzados, apoyado en una columnas y los ojos cerrados. Tenía el pelo de
punta, algo parecido al de Natsu, y llevaba una especie de cascos en las
orejas. Arisu elevó una ceja con sarcasmo y le miró fijamente.-
-Déjelo, maestro, no hace falta. No quiera dios que yo ose a
distraer a Laxus de su gran actividad, puesto que parece muy ocupado.-Acto
seguido se dio la vuelta y salió del gremio, dirigiéndose al centro de la
ciudad.
Dentro del gran edificio, tanto el maestro como los demás
estaban en silencio, unos mirando a Laxus y otros mirando la puerta por la que
se había ido Arisu. Éste había abierto los ojos y miraba también la entrada,
con cara de mosqueo.-
-Esa mocosa…-Se interrumpió y se dirigió, frustrado, tras
ella. El maestro sonrió abiertamente viéndolo marchar, y escuchando los
murmullos de todo el gremio. Gildarts había levantado una ceja mientras
sonreía.-
-La llegada de esta chica promete diversión…-El maestro
asintió, observando de reojo a Natsu, al cual le brillaban los ojos mirando
hacia la puerta.-
-Cierto…Nadie le ha hablado así a Laxus y ha logrado que
hiciera lo que le decía con una frase.-Rió con ganas.-Esto será interesante…
Laxus caminaba por las calles de Magnolia con las manos en
puños y el ceño fruncido, mirando a un lado y otro. ‘¿Cómo ha podido hablarme
así esa niñata? ¡Y lo peor es que la estoy siguiendo!’ Gruñó levemente, girando
la cabeza mientras la buscaba. Llegó a un amplio parque por el cual paseaban
todo tipo de personas, desde parejas hasta niños pequeños que jugaban con pelotas
u otros niños. Se internó en él, pensando que probablemente se había distraído
jugando con algún niño, puesto que estaba en la edad, pero se sorprendió al
verla echada en el césped mientras observaba al cielo y un pequeño gato alado
verde revoloteaba a su alrededor. Se acercó a ella y se puso en su cambio de
visión, mirándola fijamente. Ella elevó una ceja mientras lo miraba.-
-Me tapas la vista, rubiales.-Se incorporó y alargó la mano
hacia su mochila, buscando algo. Laxus entrecerró los ojos, comenzando a
cabrearse.-
-A ver, mocosa, no vuelvas a hablarme así o…
-¿O qué?-Arisu se volvió hacia él sonriendo.- ¿Qué me harás?
¿Me electrocutarás con tus rayos de Dragon Slayer baratos de lácrima?
Adelante.-Hizo un ademán con la mano, se levantó con un papel enrollado en la
mano y se colocó la mochila.-Pero ten cuidado, que luego tienes que limpiar.-
Salió del césped, encaminándose de nuevo hacia la ciudad. Laxus se había
quedado piedra en el sitio, mirando cómo se marchaba. ‘¿Cómo demonios ha
descubierto que soy un Dragon Slayer de lácrima? Esta chiquilla me traerá
problemas.’ Corrió tras ella, alcanzándola con rapidez y colocándose de nuevo
delante de ella.-
-¿Cómo mierdas lo has sabido?-Arisu levantó la vista hacia
él, sonriendo de nuevo con malicia.-
-Llámalo intuición femenina. Y ahora, vuelves a taparme el
camino. Puedes volver a tu trabajo, parecías muy concentrado.-Lo rodeó y entró
en una cafetería, sentándose en una de las sillas mientras dejaba la mochila a
un lado. Pidió algo de comer a la camarera y desenrolló el papel, el cual había
resultado ser un mapa de la ciudad.
Levantó la vista con pesadez cuando vio al obstinado chico eléctrico sentarse
delante de ella, con el ceño fruncido y una mueca de molestia en el rostro.-
-No puedes decírselo a nadie. ¿Me has oído?-Dio una palmada
en la mesa, mirándola. Arisu dejó el mapa y lo miró borrando todo tipo de humor
de su rostro, y con una frialdad nada común en sus ojos para una niña de su
edad.-
-A ver, voltio, me da absolutamente lo mismo cuál sea tu magia. No pienses en amenazarme para que
no diga nada, no pensaba hacerlo.-Entrecerró un poco los ojos y sonrió de
nuevo.- Así que… ¿piensas perseguirme todo el día?-La camarera llegó con su
comida, la cual consistía en una especie de ensalada de frutas. Suspiró y elevó
una ceja.-
¿Quieres, rubiales?-Sonrió con inocencia, señalando la
ensalada. Laxus abrió los ojos ante la muestra de volubilidad de la chica, y
negó con la cabeza, mas su estómago lo traicionó gruñendo con ganas. Un leve
rubor apareció en sus mejillas mientras fruncía el ceño, cabreado. Arisu rió
con ganas y le tendió un tenedor, puesto que la camarera había traído dos al
verlo sentarse.
-Come anda…-Alargo su tenedor hacia la ensalada, capturando
una fresa y llevándosela a la boca. Laxus, con la sensación de haber perdido y
soltando un suspiro de resignación, hizo lo mismo, cogiendo él una rodaja de
kiwi. Se sorprendía de cómo habían girado las cosas, de estar discutiéndose a
estar compartiendo una ensalada. Ciertamente aquella chiquilla parecía tener
los diez años que tenía, pero era jodidamente enrevesada, y sabía que tendría
más enfrentamientos con ella.-
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