lunes, 26 de agosto de 2013

Capítulo 2: Calambrito, relaja.

Todos guardaron silencio durante unos instantes, observándola intensamente, algunos con curiosidad, otros con incredulidad. Arisu frunció un poco el ceño, sospechando que no la creerían, cuando de repente una mancha verde voló hacia ella y se le posó en los brazos. Ella lo miró sonriendo, pero también con reprobación.
-Esselsior, te dije que no salieras…-Le acarició levemente la peluda cabecita y volvió a levantar  la suya propia, viendo como varios pares de ojos la miraban extrañada.-
-¿U-una dragon slayer…?-Gray la inspeccionaba con los ojos entrecerrados y una mano en la barbilla, pensativo. Erza tenía la cabeza ladeada y asentía. Natsu, en cambio, se plantó delante de ella agarrándola por los hombros y sacudiéndola.-
-¿¡Sabes dónde está Igneel!?-Arisu frunció el ceño y negó levemente.-
-Claro que no. Sundamizu también desapareció, y por eso estoy aquí.-Suspiró y acunó al pequeño gato, que parecía haberse dormido. Se giró hacia el maestro, frunciendo el ceño, pero seguidamente sonrió.-Voy a buscar algún sitio donde quedarme, si me disculpan…-Agarró su mochila y se dispuso a salir del gremio, cuando escuchó la voz del maestro de fondo.-
-¡Laxus, enséñale la ciudad a Arisu, y no es una petición!-Arisu se dio la vuelta, buscando con la mirada a ese tal Laxus, aunque claro, había bastante gente en el gremio, por lo cual podía ser misión imposible encontrarlo.-
-Tsk, viejo, siempre molestando…-En una de las zonas más alejadas de la barra había un chico rubio de unos diecisiete años con los brazos cruzados, apoyado en una columnas y los ojos cerrados. Tenía el pelo de punta, algo parecido al de Natsu, y llevaba una especie de cascos en las orejas. Arisu elevó una ceja con sarcasmo y le miró fijamente.-
-Déjelo, maestro, no hace falta. No quiera dios que yo ose a distraer a Laxus de su gran actividad, puesto que parece muy ocupado.-Acto seguido se dio la vuelta y salió del gremio, dirigiéndose al centro de la ciudad.
Dentro del gran edificio, tanto el maestro como los demás estaban en silencio, unos mirando a Laxus y otros mirando la puerta por la que se había ido Arisu. Éste había abierto los ojos y miraba también la entrada, con cara de mosqueo.-
-Esa mocosa…-Se interrumpió y se dirigió, frustrado, tras ella. El maestro sonrió abiertamente viéndolo marchar, y escuchando los murmullos de todo el gremio. Gildarts había levantado una ceja mientras sonreía.-
-La llegada de esta chica promete diversión…-El maestro asintió, observando de reojo a Natsu, al cual le brillaban los ojos mirando hacia la puerta.-
-Cierto…Nadie le ha hablado así a Laxus y ha logrado que hiciera lo que le decía con una frase.-Rió con ganas.-Esto será interesante…

Laxus caminaba por las calles de Magnolia con las manos en puños y el ceño fruncido, mirando a un lado y otro. ‘¿Cómo ha podido hablarme así esa niñata? ¡Y lo peor es que la estoy siguiendo!’ Gruñó levemente, girando la cabeza mientras la buscaba. Llegó a un amplio parque por el cual paseaban todo tipo de personas, desde parejas hasta niños pequeños que jugaban con pelotas u otros niños. Se internó en él, pensando que probablemente se había distraído jugando con algún niño, puesto que estaba en la edad, pero se sorprendió al verla echada en el césped mientras observaba al cielo y un pequeño gato alado verde revoloteaba a su alrededor. Se acercó a ella y se puso en su cambio de visión, mirándola fijamente. Ella elevó una ceja mientras lo miraba.-
-Me tapas la vista, rubiales.-Se incorporó y alargó la mano hacia su mochila, buscando algo. Laxus entrecerró los ojos, comenzando a cabrearse.-
-A ver, mocosa, no vuelvas a hablarme así o…
-¿O qué?-Arisu se volvió hacia él sonriendo.- ¿Qué me harás? ¿Me electrocutarás con tus rayos de Dragon Slayer baratos de lácrima? Adelante.-Hizo un ademán con la mano, se levantó con un papel enrollado en la mano y se colocó la mochila.-Pero ten cuidado, que luego tienes que limpiar.- Salió del césped, encaminándose de nuevo hacia la ciudad. Laxus se había quedado piedra en el sitio, mirando cómo se marchaba. ‘¿Cómo demonios ha descubierto que soy un Dragon Slayer de lácrima? Esta chiquilla me traerá problemas.’ Corrió tras ella, alcanzándola con rapidez y colocándose de nuevo delante de ella.-
-¿Cómo mierdas lo has sabido?-Arisu levantó la vista hacia él, sonriendo de nuevo con malicia.-
-Llámalo intuición femenina. Y ahora, vuelves a taparme el camino. Puedes volver a tu trabajo, parecías muy concentrado.-Lo rodeó y entró en una cafetería, sentándose en una de las sillas mientras dejaba la mochila a un lado. Pidió algo de comer a la camarera y desenrolló el papel, el cual había resultado ser un mapa de la ciudad.  Levantó la vista con pesadez cuando vio al obstinado chico eléctrico sentarse delante de ella, con el ceño fruncido y una mueca de molestia en el rostro.-
-No puedes decírselo a nadie. ¿Me has oído?-Dio una palmada en la mesa, mirándola. Arisu dejó el mapa y lo miró borrando todo tipo de humor de su rostro, y con una frialdad nada común en sus ojos para una niña de su edad.-
-A ver, voltio, me da absolutamente lo mismo cuál sea  tu magia. No pienses en amenazarme para que no diga nada, no pensaba hacerlo.-Entrecerró un poco los ojos y sonrió de nuevo.- Así que… ¿piensas perseguirme todo el día?-La camarera llegó con su comida, la cual consistía en una especie de ensalada de frutas. Suspiró y elevó una ceja.-
¿Quieres, rubiales?-Sonrió con inocencia, señalando la ensalada. Laxus abrió los ojos ante la muestra de volubilidad de la chica, y negó con la cabeza, mas su estómago lo traicionó gruñendo con ganas. Un leve rubor apareció en sus mejillas mientras fruncía el ceño, cabreado. Arisu rió con ganas y le tendió un tenedor, puesto que la camarera había traído dos al verlo sentarse.

-Come anda…-Alargo su tenedor hacia la ensalada, capturando una fresa y llevándosela a la boca. Laxus, con la sensación de haber perdido y soltando un suspiro de resignación, hizo lo mismo, cogiendo él una rodaja de kiwi. Se sorprendía de cómo habían girado las cosas, de estar discutiéndose a estar compartiendo una ensalada. Ciertamente aquella chiquilla parecía tener los diez años que tenía, pero era jodidamente enrevesada, y sabía que tendría más enfrentamientos con ella.-

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