Arisu comenzó a caminar con determinación hacia el gremio,
cuando de pronto toda la ciudad se movió. Se quedó muy quieta, mirando cómo se
dividía en dos, dejando entre medio un pasillo que daba directamente al gremio.
Ella había quedado en ese pasillo, y miró hacia atrás, por donde ella había venido.
Una figura alta y musculada se acercaba. Cuando le dio la luz, observó que era
un gran hombre de cabellos naranjas. Llevaba el torso vendado y una gran capa
negra, con un saco al hombro. Se sorprendió bastante al verla, y se acercó con
cuidado.
-Hola guapa, ¿qué haces aquí? –Le sonrió y Arisu supo que era bueno, por lo cual
sonrió a su vez.
-¡Estaba de camino a Fairy Tail!-señaló el dedo el gran
edificio y sonrió, enseñando sus colmillitos. -¡Quiero unirme, para encontrar a
Sundamizu y hacerme muy, muy fuerte! -Hablaba muy emocionada, y el hombre la
miraba con ternura.
-Bueno… ¡Entonces ven conmigo! –La cogió y se la subió en los
hombros, con sus piernitas rodeando su cabeza.- Yo soy Gildarts, y soy de Fairy
Tail.-El no pudo verlo, pero a la niña se le iluminaron los ojos.- Te llevaré
hasta allí.- Dicho esto comenzó a caminar, decidido. Arisu miraba con
curiosidad las paredes de hierro que se levantaban a ambos lados del pasillo,
aislando la ciudad.
-Oiga señor Gildarts… -Apoyó su cabecita en la de él y jugó
con unos mechones de su cabello.- ¿Por qué la ciudad se ha dividido? –Él rió
con ganas, y le sonrió.
-Básicamente porque mi magia es peligrosa y soy un
despistado, así que antes me lo cargaba todo… Mira, estamos llegando.-
Efectivamente, Arisu vio la fachada del gremio delante suya.
-¡Uooo, e-es enorme!-Levantó la cabeza hacia arriba para
observarlo por completo. Era precioso, y muy grande. Gildarts se acercó a la
entrada, y Arisu vio primero que nada a una niña de más o menos su edad,
cabello castaño y corto, que miraba a Gildarts con sus grandes ojos marrones.
Se lanzó hacia él en cuanto lo vio.
-¡Gildarts, has vuelto! –Le abrazó las piernas, y él hizo
malabares para sujetar a Arisu y abrazar a la niña a la vez.-
-Cuánto has crecido, Cana. Se nota que te estás volviendo
fuerte.-Le sonrió y le acarició la cabeza, antes de entrar en el gremio. No
había dado cinco pasos dentro cuando fue asaltado por una pequeña mancha rosa.
Gildarts levantó una mano y la mancha, que resultó ser otro niño de su edad,
cayó al suelo al chocar contra ella.
-¡Gildarts, pelea conmigo!-El niño era bastante curioso.
Tenía el pelo de punta y muy rosa, y llevaba una bufanda blanca que parecía
tener escamas al cuello. A Arisu le recordó la suya, que tenía en la mochila.
Lo miró ladeando la cabeza. Notaba algo familiar en ese chico.
-Natsu, acabo de llegar y tengo invitada, no te
precipites.-Sonrió y avanzó hasta el final del pasillo, llegando al mostrador
sobre el cual estaba un hombre pequeño y gracioso, sentado cruzando las piernas.
-Maestro, estoy de vuelta.- Cogió a Arisu y la colocó sobre
un taburete, delante de él.- Y traigo visita.
-Ya veo..-el maestro la miró y sonrió.- ¿Quién eres,
pequeña?- Arisu hinchó los mofletes y se le sonrojaron las mejillas, cosa que
produjo un ‘Ooooh’ del maestro y Gildarts, pero respondió con voz firme.
-Me llamo Arisu Nigaiburo y quiero unirme al gremio porque
necesito encontrar a mi maestra, Sundamizu, pero aún no soy lo bastante
fuerte.-El maestro levantó una ceja, pero asintió.
-Eso me resulta familiar…-miró detrás de ellos y sonrió.-
Bueno, está bien. ¿Eres maga?-Arisu lo miró, ofendida.
-¡Claro que sí! Yo soy una Dra..-se cayó en seguida, y se
acercó al oído del maestro para que sólo el pudiera oírla.- Dragon Slayer de
agua. Preferiría que no dijese nada de momento, por favor.- El maestro abrió
los ojos y la miró, sorprendido, pero asintiendo de nuevo.-
-Más familiar de lo que pensaba. Bueno pequeña, ¿dónde y de
qué color quieres tu marca?- Arisu lo miró sin comprender.- Todos los magos de
gremios deben llevar la marca de éste, que puede estar en el lugar que desee y
del color que desee.-Arisu pensó por un momento, arrugando su bonita frente.
-Eh…-se frotó las manos en un acto infantil, pero sonrió.-¡Ya
sé! Lo quiero aquí.-Señaló el lado derecho de su ombligo.-Justo al lado del
ombligo, en el lado derecho.
-Muy bien pequeña. ¿Color? –El maestro no se había
impresionado por el lugar, ya que había otros que lo tenían en lugares más
raros. Gildarts sonrió y se fue para hablar/ pelear con el niño supuestamente
llamado Natsu.
-Pues….¡Verde clarito!-Sonrió con firmeza, orgullosa. El
maestro sacó una especie de sello y se lo colocó allí. Al quitarlo, Arisu tenía
la marca hecha.-¡Guau, es preciosa!-La tocó con curiosidad, bastante
sorprendida.
-¡Ahora eres una de los nuestros!-El maestro y Gildarts le
sonrieron, y ella bajó del taburete al suelo, cuando varios niños se le
acercaron. El primero en hablar llevaba tan solo unos calzoncillos y tenía el
pelo negro.
-¡Hola, soy Gray!-Sonrió con los brazos cruzados. Al lado
suyo había una chica de pelo rojo y largo, que parecía un año o dos mayor que
ellos, que parecían todos tener diez años.
-Yo soy Erza, encantada. –Arisu asintió y sonrió, algo
avergonzada.-
-Yo Arisu…-Se le acercó una niña de pelo cortito y blanco,
pero con unos grandes ojos azules.
-¡Soy Lissana!-le agarró de las manos y sonrió-¡Seremos
buenas amigas, lo sé!-Arisu sólo pudo sonreír, contenta de poder ser aceptada
con esa facilidad. Finalmente se acercó Natsu, que la miró con curiosidad, pero
sonriente, enseñando unos colmillos familiares para ella.
-¡Yo soy Natsu Dragneel, encantado!-Arisu se petrificó, y lo
miró expectante. ¿Dragneel? ¿Estaba ante el hijo de Ingeel? Necesitaba hablar
con él en cuanto pudiera, pero no guardó su asombro.-
-¿Eres un Dragon Slayer, verdad?-Ella lo miró expectante,
entrecerrando los ojos. Notó como tanto él como los demás se sorprendían, hasta
el maestro.- Eres el hijo de Igneel, el dragón de fuego.
-¿C-como lo sabes? Yo no te conozco…-Natsu la miró con los
ojos muy abiertos. Ella se toqueteó el azulado cabello y lo miró con sus ojos
claros tristes.-
-Porque yo soy la hija de Sundamizu, la dragona del
agua.-Todos se sorprendieron más aún y lanzaron exclamaciones de asombro. Ella
suspiró y negó lentamente.- Pues, soy la Dragon Slayer del agua…
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