Arisu se
preguntaba con total seriedad si tal vez ese Calambrito tuviera algún tipo de problema de bipolaridad
o algo por el estilo. No, tsundere mejor. Sí, tenía toda la pinta. Sonrió con
malicia para sus adentros mientras lo observaba comer y, a su vez, comía ella.-
-Y…dime,
Lax-us –pronunció su nombre con lentitud.-, ¿puedo saber qué hacías
siguiéndome? –Masticó una rodaja de plátano.- Porque no parecías muy dispuesto
a enseñarme la ciudad…
-Tsk, ¿crees
que iba a dejar que me hablaras así y te fueras de rositas?-Entrecerró los ojos
mientras la miraba, tragándose una cereza. Arisu elevó una ceja y lo miró fijamente. Por
un instante, Laxus se perdió en la profundidad de aquellos grandes ojos azules
que lo observaban como si pudieran leer su alma.
Le recorrió
un escalofrío.
Aquella
chiquilla le hacía sentirse incómodo cuando lo miraba. Se sentía desprotegido,
como si todos sus secretos no estuvieran vedados para ella como lo estaban para
los demás, como si pudiera leerlo con la
misma facilidad que leía el mapa que tenía en las manos. Soltó un largo y
resignado suspiro y dejó el tenedor sobre la mesa. Se cruzó de brazos y se
dedicó a observarla mientras comía. Aún se preguntaba cómo demonios habían
acabado en aquella situación. Es decir, ¿por qué mierdas había ido él tras ella,
en realidad? Era una niña, no podía hacerle nada por cómo le había hablado,
pero algo lo había impulsado. Cerró los ojos, pensativo, buscando qué
sentimiento exactamente se había apoderado de él de aquella manera para
obligarlo a abandonar su columna y seguir a una niña de diez años.
Curiosidad.
Sí,
probablemente fuera eso. Porque, ¿qué otro motivo lo hubiera impulsado? Abrió
los ojos y frunció el ceño de nuevo, al ver que la chica no estaba allí. Si
estaba, en cambio, su mochila y el mapa. Giró la cabeza, buscándola por el
local, y la encontró cerca de la barra. La vio hablar con la camarera, y le
tendió algo que parecía ser un billete. Oye, espera. ¿Acaso también iba a ser
invitado por aquella mocosa? Se levantó y tras coger la mochila y el mapa se
acercó a la barra. La camarera ya estaba dándole el vuelto, e hizo una mueca.
Fuera le preguntaría el precio de la comida y se lo devolvería. Joder, tenía
orgullo. No podía dejar que le invitara, era como si lo hiciera Natsu o Erza.
Soltó un taco en voz baja, y descubrió que Arisu lo estaba mirando con una ceja
alzada y una mano hacia él.
-¿Qué? ¿Me
das mi mochila?-Había una nota divertida en su voz, y Laxus se limitó a
empujarla fuera de la cafetería.
-Venga,
tira. –Mantenía el ceño fruncido, y se preguntó qué demonios llevaban en la
mochila para que pesara tanto, y cómo lograba cargarla en sus pequeños hombros.
Arisu alzó ambas manos con las palmas hacia fuera en señal de rendición y salió
de la cafetería.
-Pero
dámela, o Esselsior te va a saltar encima…-Esbozó una sonrisa maliciosa al
mirarlo.
-¿Esselsior?
¿Quién e…-Laxus no acabó la frase. Algo se le había pegado a la cara como una
lapa. Notó un suave pelaje, y al levantar la mano para quitárselo de encima,
descubrió algo que parecían alas, y una pequeña cabeza de… gato. Lo apartó por
el lomo y lo miró frunciendo el ceño.- Pero qué…
-¡Suelta esa
mochila, sior! –Laxus entrecerró los ojos, observando al pequeño gato, que
tenía las patas superiores enroscadas, como si quisiera imitar unos puños. Miró
a Arisu.
-¿Esta cosa
habla?-Ella alzó una ceja, divertida.
-No es una
cosa, es un gato. Ven, Esselsior.-El gato se soltó de Laxus y voló a los brazos
de la niña, acurrucándose allí.
-Tú eres un
poco rara, ¿no?-Laxus se frotó la cara. Le dolía un poco donde el gato se había
acoplado.-Contestas mal a tus mayores, no te entretienes con pelotitas como los
demás niños.-señaló el parque.- y tienes una co… un gato verde que habla y
vuela.
-Tú te
dedicas a pasarte la vida pegado a una columna cruzado de brazos y no te digo
nada, ¿eh?-Arisu acarició la cabeza del gato con suavidad.-Y, ¿contestar mal a
mis mayores? –Alzó las cejas, mirándole.- Que yo sepa no te hablaba a ti, si no
a tu abuelo. ¿Entretenerme con pelotitas?-Le escrutó atentamente.- Creo que
tengo cosas más importantes que hacer que eso. –Laxus lanzó un gruñido, pero no
le contestó a aquello.
-A ver,
¿dónde quieres ir?-La miró con el ceño fruncido. Arisu le observó un instante.
-¿Sabes? Si
siempre estás frunciendo el ceño-Le señaló la frente.-, se te quedará permanente,
y ya nunca podrás tener novia.-Laxus abrió los ojos sorprendido. Nunca se
habría imaginado que algo así saldría de la boca de una niña de diez años. Se
quedó boquiabierto, sin saber qué decir, y Arisu rió.- Prueba a sonreír más. Y
bueno, enséñame algún sitio donde pueda quedarme, ya que no pienso dormir en la
calle.-Laxus asintió sin decir una palabra. Aún no se había recuperado. ¿Novia?
¿Para qué quería él una novia? Se limitó a señalar una calle y echar a andar
por ella, sin fijarse siquiera si ella lo seguía. ‘Ah bueno, demonios. Es la
tercera vez que esta niña me deja callado.
Tengo que hacer algo al respecto, mi reputación está en juego. Y no es
un juego precisamente divertido.’’