Las calles
de la ciudad estaban excepcionalmente atestadas de gente ese día, aunque Laxus
no se sorprendía demasiado. Una o dos veces al mes se solían realizar eventos
en la ciudad, entre los que entraban desde pequeñas ferias hasta descuentos en
absolutamente todo. Eran como pequeños festivales que mantenían la vitalidad de
la ciudad. A sus ojos era bastante aburrido, se conocía aquellos días de pe a
pa. En cambio, la pequeña estaba completamente fascinada. No solía quedarse
suficiente tiempo en una ciudad como para ver ese tipo de eventos, así que
ahora que estaba ante uno, todo le parecía extremadamente llamativo. No podía
evitar mirarlo todo y acercarse a todos los puestos y tiendas. No sabía si el
rubio seguía tras ella o si se había hartado ya de aguantar todas sus paradas y
grititos de emoción, aunque la verdad es que le importaba poco. Después de
todo, sabía valerse sola y sabría encontrar algún sitio con una buena renta
para quedarse. Pero sorprendentemente Laxus seguía allí, aunque con cara de
querer pegarle a alguien. Podía caerle muy mal, pero no pensaba dejar a una
niña sola en medio de un evento de tal calibre. A sus ojos seguía siendo una
niña de diez años, y viendo cómo eran los demás niños del gremio, no se fiaba
un pelo. Así que con las manos en los bolsillos y su cara de perro iba tras
ella, sin quitarle el ojo de encima fuera a donde fuera. Le parecía curioso
cómo podía ser tan prismática. Acababa de conocerla y ya había visto múltiples
facetas suyas, aunque sin duda le quedaba mucho mejor la alegre que tenía ahora
mismo. Frunció el ceño al darse cuenta de lo que había pensado y sacudió la
cabeza firmemente. ¿Por qué coño estaba pensando en eso?
Arisu estaba completamente cegada. Había visto
una máquina de peluches, y había tardado poco en ir corriendo a ella. Pegó su
carita y manos al cristal y observó dentro, emocionada. Había bastantes, pero
fue un gatito amarillo con cara de mala leche el cual le llamó la atención. Se
mordió un labio y sacó de su mochila un monederito en el cual guardaba las
moneditas de calderilla, y se dispuso a sacarlo. Laxus se había limitado a apoyarse al lado de
la máquina y a mirarla con una ceja alzada. Era graciosa.
Tras más de
veinte intentos, Arisu finalmente suspiró derrotada. Nada, ni siguiera había
logrado acercarlo al agujerito. Si Laxus fuera de otra manera, le hubiera
pedido ayuda, pero no se sorprendería si se riera en su cara y le dijera que
era demasiado infantil, así que ni se lo mencionó. Volvió a guardar el pequeño
monedero, en el que, aunque pocas, seguían quedando monedas, y se dispuso
seguir observando el festival. Apenas unos minutos después, algo blandito se
posó sobre su cabeza, y al alzar la vista vio al gato amarillo sobre ella,
sujetado por la mano de Laxus. Se giró completamente, sin saber exactamente qué
decir o qué cara poner. Bueno, eso era una sorpresa muy grande. El rubio se
limitó a bajarlo lo suficiente para que pudiera cogerlo mientras la miraba con
la ceja aún alzada. Se diría que disfrutaba con su cara de asombro. La pequeña
lo cogió con cuidado, sin saber si fiarse o no.
-Eh…E-es…¿Para
mí..? –Lo miró algo confundida, sosteniendo el pequeño peluche.-
-No, para el
vecino del cuarto.-Replicó irónicamente el chico soltando el gato. Sí, era
demasiado prismática.-
-…..G-gracias….-Se
volvió a girar abrazando al gatito y escondió su rostro sonrosado en él
mientras volvía a caminar. Nunca se hubiera esperado ese tipo de gesto de él,
aunque lo conociera poco. Pero supuso que, en el fondo, Laxus era un chico con
el que se podría hablar e interactuar perfectamente. De algún modo le agradaba
saber aquello.
No le había
costado nada sacar el peluche de la máquina. De hecho, era bastante fácil para
él, desde pequeño había sido aficionado a ese tipo de peluches, aunque
obviamente nadie aparte de su abuelo lo sabía, y de todos los que tuvo, ahora
apenas le quedaba uno, el que más apreciaba. Le había parecido curioso que la
pequeña se hubiera decantado por ese, ya que había otros bastante más bonitos.
Al ver su cara de decepción tras no poder sacarlo se sintió un poquito mal. Es
decir, por muy frío que pudiera ser, seguía teniendo corazón, y Arisu parecía
realmente desalentada. Así que había decidido sacarlo para ella. Y bueno, su
cara de sorpresa había sido divertida, no se podía negar eso, pero después…Sus
ojos azules habían rebosado alegría y agradecimiento.
Y, sin saber
muy bien por qué, antes de volver a seguirla, sonrió.