sábado, 21 de junio de 2014

Capítulo 4: Sorpresa.

Las calles de la ciudad estaban excepcionalmente atestadas de gente ese día, aunque Laxus no se sorprendía demasiado. Una o dos veces al mes se solían realizar eventos en la ciudad, entre los que entraban desde pequeñas ferias hasta descuentos en absolutamente todo. Eran como pequeños festivales que mantenían la vitalidad de la ciudad. A sus ojos era bastante aburrido, se conocía aquellos días de pe a pa. En cambio, la pequeña estaba completamente fascinada. No solía quedarse suficiente tiempo en una ciudad como para ver ese tipo de eventos, así que ahora que estaba ante uno, todo le parecía extremadamente llamativo. No podía evitar mirarlo todo y acercarse a todos los puestos y tiendas. No sabía si el rubio seguía tras ella o si se había hartado ya de aguantar todas sus paradas y grititos de emoción, aunque la verdad es que le importaba poco. Después de todo, sabía valerse sola y sabría encontrar algún sitio con una buena renta para quedarse. Pero sorprendentemente Laxus seguía allí, aunque con cara de querer pegarle a alguien. Podía caerle muy mal, pero no pensaba dejar a una niña sola en medio de un evento de tal calibre. A sus ojos seguía siendo una niña de diez años, y viendo cómo eran los demás niños del gremio, no se fiaba un pelo. Así que con las manos en los bolsillos y su cara de perro iba tras ella, sin quitarle el ojo de encima fuera a donde fuera. Le parecía curioso cómo podía ser tan prismática. Acababa de conocerla y ya había visto múltiples facetas suyas, aunque sin duda le quedaba mucho mejor la alegre que tenía ahora mismo. Frunció el ceño al darse cuenta de lo que había pensado y sacudió la cabeza firmemente. ¿Por qué coño estaba pensando en eso?
 Arisu estaba completamente cegada. Había visto una máquina de peluches, y había tardado poco en ir corriendo a ella. Pegó su carita y manos al cristal y observó dentro, emocionada. Había bastantes, pero fue un gatito amarillo con cara de mala leche el cual le llamó la atención. Se mordió un labio y sacó de su mochila un monederito en el cual guardaba las moneditas de calderilla, y se dispuso a sacarlo.  Laxus se había limitado a apoyarse al lado de la máquina y a mirarla con una ceja alzada. Era graciosa.
Tras más de veinte intentos, Arisu finalmente suspiró derrotada. Nada, ni siguiera había logrado acercarlo al agujerito. Si Laxus fuera de otra manera, le hubiera pedido ayuda, pero no se sorprendería si se riera en su cara y le dijera que era demasiado infantil, así que ni se lo mencionó. Volvió a guardar el pequeño monedero, en el que, aunque pocas, seguían quedando monedas, y se dispuso seguir observando el festival. Apenas unos minutos después, algo blandito se posó sobre su cabeza, y al alzar la vista vio al gato amarillo sobre ella, sujetado por la mano de Laxus. Se giró completamente, sin saber exactamente qué decir o qué cara poner. Bueno, eso era una sorpresa muy grande. El rubio se limitó a bajarlo lo suficiente para que pudiera cogerlo mientras la miraba con la ceja aún alzada. Se diría que disfrutaba con su cara de asombro. La pequeña lo cogió con cuidado, sin saber si fiarse o no.

-Eh…E-es…¿Para mí..? –Lo miró algo confundida, sosteniendo el pequeño peluche.-
-No, para el vecino del cuarto.-Replicó irónicamente el chico soltando el gato. Sí, era demasiado prismática.-
-…..G-gracias….-Se volvió a girar abrazando al gatito y escondió su rostro sonrosado en él mientras volvía a caminar. Nunca se hubiera esperado ese tipo de gesto de él, aunque lo conociera poco. Pero supuso que, en el fondo, Laxus era un chico con el que se podría hablar e interactuar perfectamente. De algún modo le agradaba saber aquello.

No le había costado nada sacar el peluche de la máquina. De hecho, era bastante fácil para él, desde pequeño había sido aficionado a ese tipo de peluches, aunque obviamente nadie aparte de su abuelo lo sabía, y de todos los que tuvo, ahora apenas le quedaba uno, el que más apreciaba. Le había parecido curioso que la pequeña se hubiera decantado por ese, ya que había otros bastante más bonitos. Al ver su cara de decepción tras no poder sacarlo se sintió un poquito mal. Es decir, por muy frío que pudiera ser, seguía teniendo corazón, y Arisu parecía realmente desalentada. Así que había decidido sacarlo para ella. Y bueno, su cara de sorpresa había sido divertida, no se podía negar eso, pero después…Sus ojos azules habían rebosado alegría y agradecimiento.

Y, sin saber muy bien por qué, antes de volver a seguirla, sonrió.